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lunes, 17 de junio de 2019

Cuentos 01.- ¿Por qué los tigres tienen rayas?

– ¿Por qué el tigre real tiene la piel con rayas de color negro? -preguntó un niño a su abuelo.
– Verás -respondió el abuelo-, hace muchísimos años un joven labrador había terminado de arar su campo de arroz y se había sentado a la sombra de un majestuoso mango para almorzar. No muy lejos de él pastaba tranquilo su viejo y fiel búfalo. Terminada su comida el campesino notó que el búfalo estaba inquieto y nervioso, “seguramente habrá olfateado a un enemigo”, pensó.
De repente apareció en las laderas de los arrozales un enorme tigre que acercándose al búfalo le dijo:
– No vengo como enemigo, deseo sólo una explicación. Hace días que te observo desde el límite del bosque y no comprendo el triste espectáculo de verte trabajar junto con el hombre que, a decir verdad, no tiene mucha fuerza, ni una vista tan aguda, ni un olfato tan bueno como tú. No obstante este ser insignificante es capaz de tenerte como esclavo y hacerte trabajar continuamente. ¿Cuál es la fuerza de este mágico poder que te subyuga?
– Verdaderamente no lo sé -respondió el búfalo-, pero me parece que el hombre tiene un talismán que se llama inteligencia.
– ¡Ah! Si yo poseyese semejante talismán -dijo el tigre- podría someter a los animales y no tendría necesidad de andar por ahí corriendo en busca de una presa. Tendría siempre carne fresca a mi disposición. Voy a hablar con el hombre.
– Campesino -dijo el tigre-, como sabes, soy un animal sagaz, fuerte, veloz. No obstante desearía ese talismán que mi hermano el búfalo me ha dicho que posees tú, el que permite dominar y dar órdenes a muchos animales. Ese amuleto me serviría cuando voy de caza.
– Por desgracia -contestó el campesino- he dejado mi inteligencia en casa. Nunca la llevo conmigo cuando voy a trabajar, pero si verdaderamente la quieres puedo ir a buscarla a mi cabaña.
– Pues entonces, te acompaño -dijo el taimado tigre.
– No, no. Tú quédate aquí, si te ven los cazadores del pueblo te matarán, dijo el campesino.
Pero entonces al hombre le vino la duda:
– ¿Quién me asegura que durante mi ausencia no devorarás a mi búfalo?
El tigre no sabía responder. Y el hombre continuó:
– Mira, lo mejor es que te ate bien a este árbol durante mi ausencia, así puedo ir más tranquilo.
– El tigre, con tal de poseer el misterioso talismán, accedió a ser atado al árbol con una gruesa cuerda. El campesino corrió a su cabaña, preparó unos grandes haces de paja que llevó hasta el árbol donde estaba atado el tigre y les prendió fuego.
– He aquí mi inteligencia -dijo el campesino mientras las llamas envolvían al tigre que se quemaba entre atroces dolores lamentando su poca sagacidad.
El campesino se hizo el sordo a sus aullidos y esperó hasta que el fuego quemó la cuerda.
Finalmente, libre de las ataduras y maldiciendo la inteligencia del hombre, el tigre escapó como pudo al bosque, jurando venganza. Las quemaduras desaparecieron con el tiempo, pero en su piel amarillenta quedaron unas rayas negras, las señales de las ataduras de la cuerda.

Y el viejo abuelo le sacó esta moraleja a la fábula: “Si el hombre no sabe usar bien el gran talismán de su inteligencia, no es ni más ni menos que una pobre bestia, porque la inteligencia es lo que distingue al hombre de los animales.”